Estremadura (I): Serras de aire y candeeiros

Librería en Obidos

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En todo viaje largo siempre hay alguna etapa que tiene un “pero” y ésta fué la nuestra. No es que no me gustara, de hecho visitamos un par de sitios increibles, pero es posible que hubiera gastado menos días en este lugar.

Desde Moledo reanudamos camino hacia el sur pasando por Aveiro. Nos habían dicho que era la Venecia de Portugal e íbamos con mucha ilusión, pero cuando llegamos, pudimos comprobar que se trataba de una ciudad enana con dos canales y un centro compuesto por cuatro calles, bonitas, pero para nuestro gusto no merecían tanto la pena como para hacer parada allí.

Nuestro destino final eran las Serras de Aire y Candeeiros, donde tendríamos nuestro campamento base. Nos alojamos en las Casas dos Matos, en pleno centro del parque natural.

Sus dueños, como todos los portugueses que nos encontramos, eran encantadores. Los apartamentos eran amplios y había un jardín muy amplio para jugar. Yo pensé que el parque natural sería un vergel, pero la realidad es que esta sierra en verano es un secarral donde hace un calor de muerte, por lo que la piscina nos salvó muchas tardes.

Mirando actividades para hacer con Mateo descubrimos un par de cosas interesantes:

1. Las Cuevas de Alvados y Santo Antonio: unas pequeñas cuevas de estalactitas y estalacmitas, muy familiares y que, aunque pequeñas, resultaron interesantes.

Cuevas Alvados

2. Quinta da escola: un centro de educación ambiental donde organizan paseos a caballo y en burro. Lo mejor es llamar por teléfono porque los horarios los tienen puestos de adorno. Nosotros intentamos ir un par de veces sin éxito hasta que, a la tercera va la vencida, llamamos y nos dijeron cuando iban a estar. Ellos a su ritmo. Era la primera vez que Mateo montaba en burro (que por cierto eran bastante grandes) y la experiencia le gustó bastante, a pesar de que al inicio se mostró reticente a subirse a uno.

Quinta da Escola

Por otro lado, al igual que nos gusta viajar y el deporte, también nos gusta comer y si es a la brasa todavía mejor, asi que no tengo más remedio que hablar de nuestro gran descubrimiento culinario de la zona: Adega do Luis. Es el típico sitio que conoce la gente de la zona, al lado de una carreterita estrecha y que llegas por casualidad (como nos pasó a nosostros) o porque el paisano de turno te lo recomienda. Un PEDAZO de restaurante, con horno de leña y comida típica para chuparse los dedos y unos postres caseros para sibaritas del dulce.

Tras la comilona de ese día nos fuimos a visitar el Monasterio de Batalha. Pero esto, ya os lo contaré en otro post para que no se haga demasiado largo.

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